Introducción

cerebro4La idea de crear un blog dedicado a las neurociencias cognitivas aplicadas a la clínica, y específicamente lo concerniente a la evaluación y tratamiento neurocognitivo,  tiene como objetivo dar a conocer los avances y transformaciones que se han producido en los últimos años.  Como contrapartida  han aumentado significativamente los casos de enfermedades neurológicas, entre ellas las producidas por daño cerebral adquirido (A.C.V., T.E.C.), las enfermedades neurodegenerativas como las Demencias,  Esclerosis Múltiple, Mal de Parkinson, etc. , las enfermedades de índole psiquiátrica como  el  Estrés Post Traumático, la Depresión, Adicciones, Fobias, o las llamadas enfermedades Nutricionales y Metabólicas como el Síndrome Amnésico Confabulatorio.  Sumado a estas enfermedades o síndromes, cabe señalar que el ritmo de la vida moderna,  el estrés laboral y las exigencias sociales y culturales llevan al individuo a experimentar alteraciones cognitivas: falta de atención, olvidos, desorientación temporal y espacial, entre otras.  Lo cual produce estados de ansiedad y temor a estar padeciendo alguna enfermedad, o la tan temida enfermedad de Alzaheimer. Es decir que diferentes condiciones patológicas o no que afecten el cerebro pueden resultar en alteraciones neuropsicológicas.

Cualquiera sea la índole de estas alteraciones neurocognitivas,  las consecuencias  que acarrean   impacta directamente tanto en el plano personal, en el  familiar, social y laboral de quienes lo padecen.

Sin embargo, a pesar de su importancia, hasta no hace mucho tiempo la atención de las personas con con trastornos neurológicos o sindromes neurocognitivos no incluía como parte del tratamiento la evaluación, terapia o la rehabilitación de las funciones cognitivas como un elemento básico dentro del proceso de rehabilitación integral, prestándose atención a los déficit sensoriales, físicos  o motores casi de manera exclusiva. La pérdida del habla, la memoria o de la capacidad para programar las actividades de la vida diaria como consecuencia de daño cerebral, pueden producir efectos devastadores en la persona afectada, generando un estado de dependencia e indefensión muchas veces mayor que la discapacidad física.

Afortunadamente esto ha cambiado gracias a los aportes de las Neurociencias Cognitivas que han abierto nuevos paradigmas en los modelos de intervención. entre ello adhiero a los de raíz bio-psico-social, como métodos confiables y validados, porque consideran a la persona de manera holística, tomando en cuenta su actividad mental, su contexto social y cultural, sus valores e intereses, su identidad ocupacional y su sentido de competencia.

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Inteligencia y aprendizaje

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Las habilidades cognitivas son el medio fundamental para el aprendizaje, por consiguiente el déficit de tales habilidades en la niñez y en la adolescencia, tanto en aquellos con discapacidad mental como aquellos que no la poseen, tiene una alta incidencia en el desarrollo, en el desempeño escolar y en la futura inserción social y laboral de los jóvenes.

Desde los diversos modelos teóricos que analizan la problemática de la enseñanza/aprendizaje se advierte que generalmente se termina responsabilizando al individuo poniendo el acento en las fortalezas o debilidades que el alumno presenta para el aprendizaje. Culpabilizando a “sus problemas de aprendizaje”, sin reconocer que tales dificultades responden a un entramado complejo y diverso de dimensiones tales como las biológicas, sociales, culturales, económicas, institucionales, etc.

Considero que a partir de los aportes realizados en las últimas décadas desde las Neurociencias y la Psicología sociocultural, podemos afirmar que se ha producido  un cambio conceptual sobre la inteligencia, la discapacidad mental y la modificabilidad neurocognitiva. Existen evidencias que el ser humano está abierto a la modificabilidad cognitiva y a la activación de nuevas redes neuronales durante toda su vida, y que  la influencia que produce el entorno social y cultural no puede obviarse. Por eso si hablamos de discapacidad intelectual y aprendizaje debemos tener en cuenta las teorías que basadas en un enfoque socio-cultural promueven la estimulación de las habilidades de pensamiento en niños y jóvenes con retraso intelectual o trastornos en el aprendizaje con el objetivo de favorecer individuos autónomos y con roles significativos dentro de la sociedad. (Sternberg, Fuerstein, Kaplan, entre otros)

Tradicionalmente la discapacidad intelectual ha estado asociada a déficits orgánicos o lesiones cerebrales cuyos daños insalvables marcaban el desempeño y el comportamiento de la persona a lo largo de su vida, la Neurofisiología actual demuestra  que el cerebro cambia de patrones conectivos en cada segundo de nuestras vidas en respuesta  a lo que percibe, piensa o hace.  Considero importante citar a Feuerstein (1986,1988), quien ha desarrollado sólidas investigaciones que han revolucionado los modelos de diagnóstico y tratamiento en niños y jóvenes con déficits cognitivos, ya sean estos privados culturalmente como biológicamente. Dentro de estos enfoques teóricos se destaca el de aprendizaje mediado, que apunta a producir un cambio cognitivo, aún en los niños que padecen de retraso mental. Feuerstein desarrolló la teoría de la Modificabilidad Cognitiva Estructural, afirmando que todas las personas pueden llegar a su potencial de aprendizaje desarrollado. En su modelo él explica diez criterios considerados como piezas de un rompecabezas que contribuyen al hecho de la Experiencia de Aprendizaje Mediatizado (EAM), donde el papel del educador es fundamental e indispensable en el proceso de enseñanza y aprendizaje del alumno. Cabe destacar que los conceptos de mediación, de Zona de Desarrollo Próximo (ZDP) de Vigotsky  y Andamiaje, de Jerome Bruner son los que dan el soporte al modelo teórico de EAM.  La ZDP es una contribución fundamental para encarar el proceso de enseñanza-aprendizaje . Cuando se evalúa la capacidad intelectual se utilizan test psicológicos que se centran en los logros intrapsicológicos, sin tener en cuenta el desarrollo potencial o posterior.

Los estudios de Feuerstein son conocidos en muchos países, y suponen un reto para los educadores que trabajen con personas con necesidades específicas y dificultades de aprendizaje. No adherir a esta concepción neurocognitiva, es optar por una posición pasiva, en la cual los niños y jóvenes con discapacidad mental, no pueden modificar su cognición; siendo las condiciones ambientales y de vida las que deben adaptarse al funcionamiento del sujeto. Un cambio de esta índole acarrearía  profundos cambios en el ámbito psico-educativo, pues con esta idea democrática de la mente, los profesionales y educadores aprenderían modelos alternativos de desarrollo cognitivo y de habilidades de pensamiento.

A pesar de lo abreviado de esta nota quiero transmitir que las intervenciones de estimulación neurocognitiva son programas científicos y metodológicos basados en las neurociencias con una concepción, socio-cultural y constructivista, cuyo objetivo es favorecer un tratamiento neuroeducativo que tome en cuenta las diferencias individuales y contextuales. Es decir que con una mediación efectiva se consigue favorecer y estimular el desarrollo de los procesos cognitivos y emocionales, y modificar las disposiciones neuronales de tal forma que ayuden al niño y al joven  a desarrollar aprendizajes significativos pero sobre todo, considero que  lo más importante, es que logren transferir esos aprendizajes a la vida cotidiana con la mejor adaptabilidad al medio social, escolar y laboral.

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En busca de la Memoria

Cuando nos referimos a conceptos como el de memoria, inteligencia, transmisión de aprendizajes, resolución de problemas no podemos obviar que nuestra cognición  está construida y compartida por la transmisión de la cultura en la sociedad en la que vivimos y de la que somos parte. Desde el enfoque socio-cultural, se afirma que las funciones psicológicas superiores son el resultado de la interacción con el entorno social y cultural. Se otorga desde este modelo especial importancia a los escenarios sociales, que promueven un trabajo en equipo para la solución de problemas, que solos no podríamos resolver.

Para ilustrar estos conceptos me pareció interesante compartir este parrafo del libro “En busca de la Memoria de Eric Kandel, premio Nobel de Medicina en el año 2000, y quien además ha realizado importantisimos  aportes a las neurociencias cognitivas.

“La memoria no sólo es esencial para la continuidad de la identidad sino para la transmisión de la cultura, la evolución y la continuidad de las sociedades a lo largo de las centurias. Aunque el tamaño y la estructura del cerebro humano no se han modificado desde la aparición del Homo sapiens en África oriental hace unos años, la capacidad de aprendizaje de los individuos y su memoria histórica se han incrementado a lo largo de los siglos en virtud del conocimiento compartido, es decir, mediante la transmisión de la cultura. La evolución cultural, modo de adaptación que no es biológico, obra en paralelo con la evolución biológica como medio de transmisión del conocimiento del pasado y como comportamiento adaptativo a lo largo de las generaciones. Desde la antigüedad hasta nuestros días, todas las hazañas humanas fueron producto de una memoria compartida que se acumuló durante siglos, fuera mediante registros escritos o a través de una tradición oral conservada con esmero. Así como la memoria compartida enriquece nuestra vida en tanto individuos, la pérdida de la memoria destruye la continuidad del yo, corta los lazos con el pasado y con los otros, y puede afligir al niño o al adulto maduro”.

En busca de la memoria : nacimiento de una nueva ciencia de la mente – 1a ed. – Buenos Aires : Katz, 2007

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La Neuropsicología con una mirada socio-cultural

La neuropsicología se puede decir que nace en Rusia con el aporte de  una de las teorías más contundentes: el Desarrollo de las Funciones Psicológicas Superiores y el papel que desempeña la práctica social en dicho proceso, su autor es Lev Vigotsky, considerado uno de los autores más influyentes  de la psicología cognitiva y revalorizado en las últimas décadas.   Él consideraba que las actividades cotidianas son las desarrollan las Funciones Psicológicas Superiores, es decir las gnosias, las praxias , el lenguaje y la habilidad para resolver problemas.

Esta teoría es profundizada por su alumnoy colaborador Alexander Luria, quien afirma que la interacción del individuo con el medio social y la internalización de los dispositivos externos en una permanente adaptación y aprendizaje, implican una actividad jerárquica y coordinada de las distintas áreas corticales y subcorticales. Es decir que el cerebro no contiene las aptitudes psíquicas encerradas sino que posee la potencialidad biológica para formarlas durante el proceso de internalización del mundo y de los fenómenos humanos que lo rodea. El quehacer diario es el que impregna la historia personal y forma la conciencia del individuo.  El niño desarrolla las funciones mentales a través de las interrelaciones sociales, la interiorización del lenguaje y la asimilación del desarrollo histórico-cultural de la humanidad.

Es Luria el primero en  plantear la necesidad de evaluar con métodos objetivos la psicología subjetiva humana.

El cerebro humano está abierto a la modificabilidad cognitiva y a la activación de nuevas redes neuronales.  En este campo la Psicología Cultural ha puesto el énfasis en la importancia del contexto en la construcción de la inteligencia, diversas investigaciones demuestran el impacto del contexto ecológico y cultural en las habilidades cognitivas.
Es la ocupación humana es única, aquí hablo desde mi rol de Terapista Ocupacional, es la que caracteriza a nuestra especie como seres humanos instrumentales, es una función específicamente humana en la que los tipos de cosas que hacemos y como las hacemos son influenciadas íntimamente por  nuestra cultura, nuestra sociedad y nuestra historia filogenética.
Desde este modelo, es que la intervención en pacientes con deterioro cognitivo tiene otro significado, pues no solo se evalúa las funciones cognitivas deterioradas y desde allí se planifica la sesión de tareas terapéuticas, sino que miramos al paciente como un ser en el que su actividad mental y su rol social son producto de su cultura, de sus valores e intereses, de su identidad ocupacional y de su sentido de competencia. Es entonces cuando una intervención terapéutica tiene sentido; pues  trabajar en una terapia centrada en la persona con ocupaciones motivantes, de su interés, que acompañen y se adapten a la vida del paciente y a los cambios que obliga la enfermedad, será construir junto al paciente y su entorno familiar una mejor calidad de vida .

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